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Cable 1/2” vs 7/8”: pérdidas, manejo y coste comparados

Guía técnica · Cables coaxiales
Cable 1/2 vs 7/8: cuándo el diámetro grande empieza a salir rentable
La comparación entre cable 1/2 vs 7/8 es probablemente la decisión que más veces se repite en un proyecto de radiofrecuencia. Son los dos diámetros que cubren la inmensa mayoría de las instalaciones de estación base, broadcast de potencia media y sistemas de cobertura, y la elección entre uno y otro rara vez es obvia: el 7/8″ siempre pierde menos señal, pero cuesta más, pesa casi el triple y complica la obra.
Esta guía no repite lo que ya sabe: plantea el problema como lo que es, un punto de cruce económico. Hay una longitud a partir de la cual pagar el 7/8″ sale rentable, y por debajo de ella insistir en el diámetro grande es tirar dinero y horas de instalación.
Lo esencial en 30 segundos
- El 7/8″ pierde del orden de un 40 % menos, pero pesa el triple y encarece conectores, soportes y horas de montaje.
- La decisión es un punto de cruce económico: cuánto cuesta cada decibelio ahorrado en esa tirada concreta.
- Hay que dimensionar con la frecuencia más alta prevista, no con la que entra en servicio hoy.
- En tiradas cortas gana el 1/2″; en alimentadores largos se impone el 7/8″ sin discusión.
Para quién es este artículo
Para quien tiene que cerrar una especificación o un presupuesto y necesita justificar la elección con números. Si busca el detalle constructivo de un solo diámetro, tenemos guías monográficas del cable de 1/2″ y del de 7/8″. Si su duda está un escalón más arriba, la comparativa entre 7/8″ y 1-5/8″ se trata por separado, porque ahí entran en juego la potencia y el broadcast.


Los dos cables de un vistazo
| Concepto | 1/2″ | 7/8″ |
|---|---|---|
| Atenuación | Referencia | Del orden de un 40 % menor |
| Peso por metro | Ligero | Aproximadamente el triple |
| Radio de curvatura mínimo | Pequeño, permite trazados con quiebros | Amplio, condiciona el trazado |
| Potencia admisible | Referencia | Del orden de dos a tres veces mayor |
| Conectorización | Rápida, herramienta económica | Más lenta y con útiles más caros |
| Personal necesario | Un operario puede manejarlo | Normalmente dos |
| Precio por metro | Referencia | Claramente superior |
La atenuación: dónde está la diferencia real
El 7/8″ pierde menos porque tiene más superficie de conductor y un dieléctrico de mayor sección: menos resistencia óhmica y menos pérdida dieléctrica por metro recorrido. La ventaja se mantiene en todas las bandas, pero no es constante: crece en términos absolutos conforme sube la frecuencia.
Esto tiene una consecuencia práctica que se pasa por alto con frecuencia. Una instalación de 700 u 800 MHz tolera bastante bien el 1/2″ en longitudes medias, mientras que la misma tirada a 2.600 MHz o en banda de 3,5 GHz puede quedarse sin margen. Si la instalación va a incorporar bandas altas en el futuro —y hoy casi todas lo hacen— el cálculo debe hacerse con la frecuencia más alta prevista, no con la que se va a poner en servicio el primer día.
Las cifras exactas dependen del fabricante y de la construcción concreta, así que la comparación debe hacerse sobre la ficha técnica de los dos modelos candidatos a la frecuencia del proyecto. Una regla general sirve para orientarse, nunca para firmar un presupuesto de enlace.
El punto de cruce: cuándo empieza a compensar el 7/8″
El razonamiento correcto no es «cuál pierde menos» sino «cuánto me cuesta cada dB ahorrado». El sobrecoste del 7/8″ —cable, conectores, soportes más robustos, más horas de montaje— se reparte entre los decibelios que recupera. En tiradas cortas ese reparto sale carísimo, porque la diferencia de atenuación sobre veinte metros es pequeña. En tiradas largas se invierte: el 7/8″ evita tener que meter un amplificador, subir la potencia de cabecera o aceptar una degradación del servicio.
Hay además un umbral que no es económico sino físico. Cuando la pérdida en el cable se come el margen de diseño, el 1/2″ deja de ser una opción por mucho que salga barato. Ese punto llega antes de lo que la intuición sugiere en bandas altas y en instalaciones con varios elementos pasivos intermedios.
Como orientación de partida: en jumpers y tramos de pocos metros el 1/2″ gana casi siempre; en tiradas de torre de decenas de metros con bandas altas conviene calcular las dos opciones; y en alimentadores largos el 7/8″ suele imponerse por sí solo sin necesidad de discusión.
«La pregunta correcta no es cuál pierde menos, sino cuánto cuesta cada decibelio ahorrado.»
Manejo en obra: el coste que no aparece en el presupuesto
Aquí es donde el 1/2″ se defiende mejor de lo que sugiere su ficha técnica. Pesa aproximadamente un tercio, lo que permite que un solo operario lo suba y lo guíe; admite radios de curvatura mucho más cerrados, lo que salva trazados con quiebros, pasos estrechos y bandejas ya ocupadas; y se conectoriza en una fracción del tiempo.
El 7/8″, por el contrario, exige planificar el tendido. Su radio de curvatura mínimo condiciona el recorrido desde el proyecto, no desde la obra: descubrir en el montaje que un codo previsto no cumple el radio obliga a rehacer trazado o a aceptar una deformación que degrada el VSWR de forma permanente. Necesita soportes más robustos y a menor distancia entre ellos, y su rigidez convierte cualquier corrección de última hora en una operación costosa.
Traducido a dinero: el diferencial real entre las dos opciones no es la diferencia de precio por metro, sino esa diferencia más los conectores, más los soportes, más las horas de dos operarios en lugar de uno. En instalaciones con mucho recorrido interior y muchos quiebros, ese sobrecoste de obra puede superar al del propio material.


Potencia y PIM
Si la instalación maneja potencias apreciables, la comparación cambia de naturaleza. El 7/8″ disipa mejor y admite del orden de dos a tres veces más potencia que el 1/2″, de modo que en emisión de radiodifusión o en cabeceras con varias portadoras combinadas el diámetro deja de ser una cuestión de pérdidas y pasa a ser una cuestión de límite térmico.
En cuanto a intermodulación pasiva, ninguno de los dos diámetros es intrínsecamente mejor: el PIM lo determinan la calidad del cable, el conector y sobre todo la ejecución del montaje. Dicho esto, en instalaciones con requisito estricto de PIM el mayor tamaño del 7/8″ tiende a dar una interfaz de contacto más estable y menos sensible a la vibración, siempre que se respete el par de apriete especificado.
Cuándo ninguno de los dos es la respuesta
Conviene reconocer los casos en que la pregunta está mal planteada. Para latiguillos de interconexión entre equipos, el cable superflexible de 1/2» o incluso diámetros menores resuelven mejor por flexibilidad y espacio. Para alimentadores muy largos de alta potencia, sobre todo en FM y TV, el salto natural es al 1-1/4″ o al 1-5/8«. Y en recorridos lineales confinados donde lo que se busca es cobertura distribuida y no transporte de señal, el planteamiento correcto no es un coaxial sino un cable radiante.
Cómo se hace el cálculo, paso a paso
El procedimiento es siempre el mismo y no requiere más que la ficha técnica y una hoja de cálculo. Primero se fija la frecuencia de diseño, que debe ser la más alta que la instalación vaya a soportar. Segundo, se toma de la ficha la atenuación en dB/100 m de cada candidato a esa frecuencia, no la de la portada del catálogo. Tercero, se multiplica por la longitud real del recorrido, incluyendo las subidas verticales, los remates y el margen de tirada que siempre se acaba necesitando.
A esa cifra se le suman las pérdidas de inserción de todo lo que hay por el camino: conectores, latiguillos de interconexión, y cualquier acoplador, divisor o filtro intermedio. El resultado es la pérdida total del trayecto para cada opción, y la diferencia entre ambas es exactamente lo que se está comprando al pagar el diámetro mayor.
El último paso es el que decide: comprobar contra el margen. Si la opción de 1/2″ deja margen suficiente por encima de la sensibilidad del receptor, la discusión ha terminado y el diámetro pequeño gana por coste. Si lo consume entero, el 7/8″ no es una mejora opcional sino un requisito. Y si queda en la frontera, conviene decidir a favor del margen: una instalación que nace justa envejece mal, porque la atenuación real sube con el tiempo por oxidación de contactos, entrada de humedad y degradación de la cubierta.
Exterior, durabilidad y mantenimiento
En instalaciones a la intemperie hay factores que inclinan la balanza al margen del cálculo de pérdidas. El cable de mayor diámetro tiene una cubierta más gruesa y una estructura corrugada más robusta, lo que se traduce en mejor comportamiento frente a la radiación ultravioleta, al viento y a los ciclos térmicos de una torre. Sujeto correctamente, su rigidez juega a favor: vibra menos y transmite menos esfuerzo a los conectores, que es donde suelen aparecer los fallos a medio plazo.
El 1/2″, por su parte, es más sensible a un mal apoyo. Un tramo mal fijado que quede oscilando acaba fatigando la interfaz del conector y abriendo la puerta a la entrada de humedad, que es la causa individual más frecuente de degradación en instalaciones RF de exterior. La diferencia, en la práctica, no está tanto en el cable como en la disciplina de montaje: bien instalado, el 1/2″ dura perfectamente; mal instalado, falla antes que el 7/8″ por pura mecánica.
Sea cual sea el diámetro elegido, el sellado de las conexiones, la puesta a tierra en los puntos previstos y el respeto del par de apriete de cada conector pesan más en la vida útil de la instalación que la elección del propio cable.


Errores frecuentes
Los que más se repiten son cuatro. Dimensionar con la banda actual y no con la más alta prevista, lo que deja la instalación sin recorrido futuro. Comparar solo el precio por metro e ignorar conectores, soportes y horas de montaje. Elegir 7/8″ sin comprobar que el trazado respeta su radio de curvatura, con el consiguiente estropicio en obra. Y mezclar diámetros a lo largo de una misma tirada sin contabilizar la pérdida de inserción y el riesgo de PIM que introduce cada transición adicional.
Preguntas frecuentes
¿Puedo empezar con 1/2″ y cambiar a 7/8″ más adelante si hace falta?
Técnicamente sí, pero rara vez sale a cuenta: implica retirar el tendido, revisar soportes y rehacer la conectorización completa. Si existe una probabilidad razonable de necesitar el diámetro mayor, suele ser más barato instalarlo desde el principio.
¿Compensa combinar 7/8″ en la tirada principal y 1/2″ en los últimos metros?
Es una práctica habitual y correcta: el tramo largo se hace con el cable de bajas pérdidas y la conexión final al equipo con un latiguillo flexible. Lo único que hay que hacer es contabilizar la transición en el presupuesto de enlace y usar conectores adecuados.
¿La diferencia de atenuación es la misma en todas las bandas?
No. La ventaja relativa del 7/8″ se mantiene, pero en términos absolutos la separación se agranda conforme sube la frecuencia. Por eso el mismo cable puede ser suficiente en 800 MHz e insuficiente en 2.600 MHz sobre la misma longitud.
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Conclusión
La elección entre cable 1/2 vs 7/8 se decide con tres datos: la longitud real de la tirada, la frecuencia más alta que la instalación va a tener que soportar en su vida útil y el margen de diseño con el que se quiere trabajar. Con esos tres números el cálculo deja de ser una opinión. Todo lo demás —peso, radio de curvatura, tiempo de montaje— entra después, para afinar el coste total y comprobar que el trazado es viable.
En SilexST suministramos ambos diámetros con sus conectores, latiguillos y accesorios de fijación. Si nos envía la longitud del recorrido, las bandas y la potencia prevista, le devolvemos el cálculo de pérdidas de las dos opciones para que la decisión se tome sobre cifras.
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Si lo que ha leído aquí va a acabar en una instalación, esta es la página donde está el material, los criterios de elección y el listado de referencias con ficha técnica.
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